
Los personajes masculinos en la novela exploran, buscan; el mejor amigo de Sanshiro lo saca de su cotidiana intelectualidad, entonces la búsqueda se esparce por los trenes, la ciudad, los bares, las mujeres, caminar y explorar, es decir, definirse a través del mundo no sólo de los libros. Sanshiro se apropia de nuevos lugares y lo hace reflexionando a través de lo que observa, busca la quietud y la reflexión como herramientas ante su nueva situación.
Las mujeres son esas figuras de la época, vivo retrato que realiza Sōseki, a través de Mineko, una joven atrevida, autónoma, de carácter y temperamento fuerte y un poco voluntariosa. Sin embargo, lo más importante de Mineko es la figura fuerte que representa dentro de esta historia, ya que estudia y recibe los privilegios de su clase, en una época con un predominio patriarcal donde los hombres o las familias deciden el curso matrimonial de las hijas y no todas reciben estudios universitarios.

La doble dicotomía de una situación femenina se hace presente en la pluma de Sōseki, por un lado el dinero que le abre las puertas a Mineko a un mundo de posibilidad y por otra parte ese mismo dinero que se las cierra para casarla. Sanshiro enamorado de ella, sabe bien que ni todo su carácter ni toda la empatía podrán unirlo a ella.
Esta novela es recomendable si quieres recordar la época universitaria, conectar esos sentimientos de ”comenzar algo" y las ”expectativas que se construyen en lo nuevo", y si necesitas explorar ese estado de ”perdida o perdido" . Respecto a los personajes femeninos, el novelista se adentra muy poco, son personajes femeninos vistos desde afuera con complejidad, pero algo interesante que se puede leer, es la situación femenina de una época y la lucha indomable por posibilidades que estos personajes hacen, para no ser ”casadas". Luchan contra su destino, Mineko no lo logra pero por hay otra mujer en la historia que mantendrá la lucha.

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